Tejo de San Martín de Ondes

arila de Samartín d'Ondes acuarelada con Waterlogue

Samartín d’Ondes (San Martín de Ondes) es una parroquia del concejo de Belmonte de Miranda que cuenta con tres entidades sigulares, la de Samartín, con la categoría de aldea, está a unos 10 kilómetros de la capital del concejo y a unos 700 metros de altura; su población según el nomenclátor de sadei para 2017 es de 35 habitantes. Esta población se encuentra en la comarca del Camín Real de la Mesa, integrada por once concejos cuyo eje vertebrador es el camino real que conectaba Asturias con la Meseta; prueba de ello son la ventas de Porcabezas y La Corredoria donde se celebraba una importante feria de ganado hasta hace no tantos años.

Samartín es un lugar acogedor, algo ventoso, pero con unas vistas magníficas. Tiene dos zonas bien diferenciadas, la Quintanona y el Sillón. La iglesia, cuya fábrica es de 1792, tiene un tejo hembra ubicado al lado y en un terreno con algo de pendiente; hasta hace unos años, sobre 1960, la plaza era un cementerio; con el traslado del mismo se echa una capa de zahorra y se construye una corra alrededor del texu. Con posterioridad (¿año 2006?) se pavimentó toda la plaza con una capa de hormigón y a partir de ese momento este pié comenzó a sufrir y los vecinos intentaron recabar ayuda para que el tejo presentase mejor aspecto; hubo alguna que otra noticia en la prensa regional y hacia 2011 se pidió informe al Servicio de Especies Protegidas del Principado de Asturias en relación al aspecto que presentaba el teixu y se eliminó el hormigón dejando la corra y un anillo de un metro a su alrededor. El tejo seguía presentando mal aspecto y los vecinos, de nuevo, volvieron a insistir ante las instituciones para que se buscase una solución y en el año 2017 Agustín Domínguez fué el encargado de llevar a cabo las acciones necesarias para su recuperación.

Después de todo esto la teja comenzó a agradecer que le eliminasen parte del hormigón y la corra y todos esos cuidados se traducen en un aspecto lozano, con unas arilas enormes y de color hermoso con el que obsequió a todo aquél que por allí pasase. La copa está cogiendo densidad y, aunque no presenta mucha hoja, la que tiene está bien y es de esperar que con el transcurso del tiempo mejore.

Estuve el otro día de visita acompañada por Pepe Cuendias, un vecino, que tuvo la amabilidad de explicarme un poco todo el proceso y al que agradezco desde aquí lo que han trabajado para lograr que el Ayuntamiento -que ha mostrado una gran sensibilidad ante este tema- destinase recursos para la recuperación de este precioso ejemplar, que con sus 340 centímetros de perímetro preside el lugar.

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