MEDIO AMBIENTE SIN ÁRBOLES

Ignacio Abella, trabajador incansable y callado, sigue denunciando la hipocresía de nuestros gobernantes a través de todos los medios posibles. Esta vez, la carta ha sido publicada por La Voz de Asturias en su edición de papel y por eso la copio íntegra:tejos

 

El día 30 de abril se hacía pública la noticia de la reunión de Doña Belén Fernández, viceconsejera de Medio Ambiente, con la Junta de pastos del Sueve y los alcaldes de la comarca, para iniciar los trámites de declaración de Paisaje Protegido de la Sierra del Sueve y Monumento Natural de las Tejedas del Sueve.

Llama la atención que este encuentro se celebre de espaldas a otros estamentos, especialmente los que desde hace más de una década reclamamos esa protección y estudiamos aquellos ecosistemas. Seguramente se trata de ser consecuentes con el talante de ocultación y falta de diálogo al que nos tienen acostumbrados. Aunque pensándolo mejor quizá quieren evitarnos la pérdida de tiempo que supone reunirse para escenificar la misma declaración de intenciones que se produce de vez en cuando -habitualmente con elecciones a la vista- con parecido o idéntico mensaje y resultados. ¡Quién sabe si esta vez nos sorprenderán pasando de la palabra a los hechos!

No esperamos conocer los informes y estudios que han de servir para empezar a gestionar esta montaña, dada la tendencia de la viceconsejería al ocultismo; tampoco han desvelado si al fin van a empezar a controlar de forma seria las manadas de gamos que tanto afectan al bosque y a los pastos. Además resulta preocupante el estribillo que acompaña esas manifestaciones en el sentido de que la protección servirá para la dinamización de la comarca. Es de temer que una vez más se considere este espacio como simple objeto de ocio, exposición, venta y consumo y se confunda la publicidad, el desarrollo y la explotación turística, la señalización y creación de infraestructuras, centros de interpretación, etc., con la conservación de dichos lugares. Ambas cosas pueden o no ser compatibles pero no son lo mismo.

Prueba de ello es el patrimonio de árboles y bosques monumentales del Principado, que pese a publicitarse y servir de reclamo de este pretendido paraíso natural y gozar del amparo de la normativa vigente, se encuentra en un lamentable estado de decadencia, cuando no de pérdida irreversible. En ocasiones por abandono y falta de planificación y gestión pero también a causa de todas las formas posibles de maltrato que la actual legislación no logra detener.

Más de la mitad de los tejos centenarios de conceyu, antaño venerados, están hoy asfaltados o pavimentados, o se han visto afectados por las obras (Abamia, San Martín de Ondes, Lieres, Vidiago, Veyo, son algunos ejemplares de una lista demasiado larga). La falta de aplicación del Plan de Manejo del Tejo, el desinterés y la negligencia están propiciando la pérdida de un patrimonio esencial para los asturianos.

El fracaso estrepitoso de esta política se traduce ya en el reciente descalabro de dos de los 10 árboles declarados monumentales por el Principado y en la falta de reacción, pero también en la estrategia de continuas justificaciones que impera en este ámbito para no asumir la urgencia y necesidad de una nueva política.

Frente al expolio de olivos centenarios para su venta y trasplante en jardines, la Comunidad Valenciana se dotó de una Ley de Patrimonio Arbóreo Monumental, aprobada por unanimidad en las Cortes valencianas, que sirvió para atajar aquel saqueo. Gracias a ella podemos contar por millares los árboles (monumentales) protegidos de forma efectiva. Y por establecer otra comparación, frente a los 10 de Asturias, en Cataluña se han declarado y protegido ya más de mil árboles monumentales.

Es preciso actuar con decisión para conservar lo que nos queda y elaborar una normativa adecuada con rango de ley que ampare a estos monumentos vivos de las continuas agresiones, incluso cuando la administración regional es cómplice y responsable o bien se lava las manos. Frente a la falta de compromiso de esta administración y la improvisación que caracteriza su gestión, es hora de que grupos políticos y otros estamentos sociales, trabajemos conjuntamente para promover una ley regional y los mecanismos que defiendan eficazmente este patrimonio común, que hoy más que nunca resulta vital e irreemplazable.

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