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crónica de las Jornadas de Olot

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No he podido asistir a las jornadas de Olot, muy a mi pesar, pero si tengo el permiso del autor para colgar un estupendo resumen de las mismas. La verdad es que ha sido una lástima no poder acudir, espero que para las próximas lo tenga mas fácil.

He de aclarar que el archivo para dar el paseo por el país de los tejos no está disponible porque tengo problemas para colgarlo. Aquí os dejo el relato de Pruden, no sin antes agradecer su generosidad al permitirme publicarlo en el blog.

Pedía Ignacio hace unos días algún valiente que se atreviese a hacer un resumen de la reunión de Olot, varios estuvimos allí pero nadie ha comentado nada aún, así que voy a atreverme a comentar algunas cosas que son opiniones personales y lógicamente por tanto, visiones parciales y subjetivas.

Lo primero es agradecer a Antonia y a Marta su labor organizativa, principalmente a ellas que llevaron la voz cantante, pero también al resto de la gente que se movía por allí y de los que apenas sabemos el nombre.

Creo que también hay que agradecer a Lluis Serra el papel de moderador-animador que ha tenido durante todo el tiempo y que para mi gusto ha sido el complemento ideal a lo organizado y realizado por la FES.

En cuanto a los contenidos de las jornadas, la cosa no pudo empezar mejor. La charla de Peter Thomas sobre las respuestas de la fisiología de Taxus frente a los distintos factores ambientales fue enormemente instructiva y reveladora de muchas de las preguntas que habitualmente se expresan respecto a las capacidades de supervivencia de este árbol. Empezando por sus afirmaciones serias y bien documentadas sobre la edad que pueden llegar a alcanzar algunos individuos, nos enseño unas fotos de un árbol poco llamativo en lo referente a tamaño visible y al que le calculan en torno a los 5000 años (ahí queda eso…) colocándolos así en el primer lugar del ranking de árboles venerables y situándolo en el puesto de “el más longevo” de Europa y parte del extranjero.

A esto le siguieron una abundante serie de datos referentes a sus respuestas a la temperatura en distintas circunstancia y latitudes, a la luz y su respuesta fotosintética a algunas de las condiciones lumínicas que más interrogantes produce. Su resistencia a la sequía y los mecanismos que utilizan, sus sorprendentes patrones y velocidades de crecimiento, que inutilizan de partida el nefasto aparatito de hacer agujeros en los troncos. Su resistencia al fuego, al viento, a los contaminantes, a los herbívoros, etc, etc, etc. No quiero aburriros, pero para mí fue de lo mejor que se oyó…

 En segundo lugar en mi clasificación personal, pondría la charla que ya el último día nos ofreció Miquel Riba sobre la variabilidad genética de las poblaciones de tejo en Europa, relacionándolo con sus desplazamientos geográficos en el contexto de la historia geológica europea. Muy reveladora la presentación del tema a dos escalas, la general europea y la local restringida a poblaciones más o menos reducidas y situadas en el límite de su área de distribución, léase mitad sur y este de la península y norte de África en donde estas poblaciones presentan su menor variabilidad (o mayor endogamia si se quiere) y sobre todo lo interesante no estaba tanto en los datos como en la interpretación, lúcida, yo diría, de los mismos, y además sacando partido a charlas anteriores para apoyar sus ideas. Un comentario que se me ha quedado y que nos hizo a Enrique y a mi cenando la noche antes fue cómo le quitaba importancia a la herbivoría de cabras y vacas, diciendo que qué era eso para un árbol al que poco después de nacer como especie, allá por el triásico, lo pastaban los dinosaurios…

 

 Volviendo a las charlas, todas las que hicieron referencia a la distribución del tejo en unas u otras áreas geográfica no eran más que invitaciones a ver y a conocer esas zonas, primero Lluis Serra actualizó la distribución actualmente documentada en la península y la mejora de este conocimiento en los últimos años, poniendo de manifiesto las más que correctas indicaciones que ya en el 2000 se hicieron en el Libro del Tejo. Antonio F. Morcuende intentó hacernos un bosquejo de lo que es y representa el tejo en los Montes de Toledo. Christophe Panaiotis explico con detalle estos temas en la isla de Córcega, aderezándolo con una somera descripción geológica, vegetal y de la presencia histórica del tejo en esta isla. Juan Andrés Oria hizo lo propio para Castilla y León, comentando además varias de las experiencias que se están llevando a cabo en esta autonomía en relación con la restauración y conservación de algunas tejedas. Carlos Martínez aumento el detalle en la zona berciana y nos comentó el primer paso dado en la protección del patrimonio de tejos cultos a través de un acuerdo con los vecinos de San Cristóbal de Valdueza, un paso importante y muy significativo al contar con la implicación directa de los habitantes del lugar.

Antonia nos explico como es y como funciona la tejeda de Misaclos, su corta historia y algunas de las experiencias que han venido realizando últimamente, relacionadas con el favorecimiento del desarrollo del tejo y su relación con la cobertura arbórea más o menos densa. Este punto, que fue referente habitual durante todas las jornadas, lo había tratado previamente Oscar en un repaso a la presencia del tejo en la zona cantábrica, las relaciones de amor odio que se establecen entre el tejo y el haya y cómo los cambios de uso de los hayedos en los últimos decenios pueden influir en la presencia y el desarrollo de los tejos y las tejedas en esta área geográfica.

 El segundo día el tema cambió de color y además de la salida de campo que luego comentaré, el contenido de las ponencias fue bastante diferente, aunque con puntos comunes con los del primer día.

Las regeneración del tejo y sus poblaciones más sureñas junto con la dependencia de diversos factores ecológicos que las favorecen o no fue el tema que nos ofreció Rubén Sanz. Explico con datos cómo la importancia de los llamados microhábitats y la suma de pequeñas ventajas que estos ofrecen pueden permitir una mayor supervivencia de plántulas jóvenes, cómo los ambientes húmedos ligados a arroyos suelen concentrar la presencia de esta especie y como factores como la polinización pueden ser limitantes a la hora de su reproducción. Una charla interesante con algunas conclusiones sugestivas, pero un poco limitadas, para mi gusto, por el escaso periodo de tiempo abarcado por el estudio (dos años)

La misma pega pero mucho más marcada presentaba (siempre desde mi punto de vista) la charla que nos dio Jessica Lavabre referente a la dispersión de semillas del tejo por parte de los frugívoros, principalmente aves (tordos y zorzales) en la que vino a demostrar la enorme variabilidad que tiene el fenómeno constatada a lo largo de dos años, entre las distintas zonas de estudio y la enorme cantidad de factores que pueden intervenir directa e indirectamente sobre esta aves, haciendo variar aún mas los resultados. Esto ponía claramente de manifiesto (para mi, repito) lo poco representativo del conocimiento obtenido de cara a permitir emitir unas conclusiones válidas respecto a la influencia y al manejo de estas comunidades animales en la regeneración de una especie vegetal tan longeva como es el tejo.

Estas cuestiones teóricas y las elucubraciones derivadas acerca de la regeneración del tejo, encontraron el importante contrapeso en la charla que, basada en la práctica real de unos cuantos años y la reflexión continuada sobre los resultados obtenidos, no ofreció Xavi sobre la conservación activa del tejo, también en las poblaciones marginales de su zona.

La sección etnobotánica y farmacológica nos ofreció una visión completamente diferente sobre la especie; Emilio fue desgranando detalles y anécdotas sobre la utilización tradicional e histórica de este árbol, el empleo de sus hojas, de su madera, sus frutos… Hay que decir aquí que entre otras cosas se habían presentado unos postres elaborados por dos peculiares colegas alemanes que continuamente animaron la reunión con sus comentarios y su buen humor, miembros (y presidente uno) de una asociación alemana de amigos de los tejos (no sé como se llama y mucho menos como se escribe o se pronuncia); en uno de estos posters se detallaba la forma de hacer los míticos arcos de madera de tejo, a lo que acompañaba la presencia de uno de estos arcos, de al menos dos metros de altura pero sorprendentemente ligero; junto con él, un juego de flechas que también llamó la atención de todos los presentes.

Fernando Vasco primero y Cesar Blanché después nos ofrecieron una amplia y muy interesante panorámica sobre el taxol, sus potencialidades, su síntesis y sobre todo una visión histórica de su descubrimiento, la investigación para su desarrollo y la influencia de este proceso en las poblaciones naturales de tejos, primero T. brevifolia y más recientemente dos especies de tejos chinos T. wallichiana y T. chinensis, los tres incluidos en la actualidad en la lista de especies amenazadas de la UICN y en los tres casos como consecuencia de las recolecciones relacionadas con estas investigaciones. Completó este capítulo la exposición a cargo de Carme Biel, de una experiencia de cultivo de tejos en atmósferas enriquecidas en CO2 para ver la influencia que pudiera tener en la producción de taxol y otros precursores.

Las charlas terminaron con el bloque del sábado en el que, como ya dije, destacó la charla de Miquel Riba sobre la variabilidad genética del tejo, pero en la que también Arantxa Prada habló sobre conservación de recursos genéticos en el tejo y que acabaron con la exposición que hizo Enrique sobre la Asociación de Amigos del Tejo y en la que se le vio el plumero de su debilidad hacia los bosques del Sueve y finalmente yo presenté la propuesta de declaración de Patrimonio de la Humanidad para los tejos de culto, utilizando las argumentaciones y los conocimientos de Ignacio y una presentación en Google Earth, que planteó algunos problemas informáticos con los cortafuegos, pero que creo que al final no quedó mal del todo. (por cierto, aunque está disponible en el blog de Ana: https://texu.wordpress.com/ lo voy a subir a la sección de archivos, para que la tengáis a mano todos y podáis ir diciéndonos los fallos que os pueda dar, o ir aportando nuevos lugares para ir aumentándolo.)

 Y sólo quedaría hablar del campo.

La visita a la tejeda de Misaclos nos sorprendió a todos. Es una tejeda joven a la que se le calculan poco más de 40 años, ya que parece ser que las fotografías aéreas disponibles de la zona hace 40–50 años muestran toda la zona prácticamente sin arbolado, este mismo aspecto nos lo comentaron en más sitios de la comarca, que en la actualidad está cubierta de bosques, principalmente encinares (alsinares) extraordinariamente densos y pujantes y parece que son el resultado de la desaparición del carboneo.

La tejeda se encuentra en un pinar de silvestre, ya hemos visto otras tejedas en pinares, pero este es un pinar también muy joven y extraordinariamente diverso en lo que se refiere a arbustos, matorrales y plantas de todo tipo que pudimos observar en él. A parte de la zarzaparrilla trepando por todas partes, es muy frecuente el lentisco y el emborrachacabras, pero también aparecen acebos, aligustres, aladiernos, serbales, bojes, majuelos, endrinos, lavandas, arces, quejigos, encinas, etc, etc, etc,… y eso por no hablar del estrato herbáceo en el que también había cosas llamativas. Por allí andaban las vacas, más bien fuera que dentro, aunque debe de variar con los años y la disponibilidad de alimento.

La regeneración del tejo es muy buena viéndose ejemplares de todas las edades, desde los recien nacidos esta primavera hasta los mayores que andarán en torno a los 40-50 años, salvo dos grandes tejos próximos al caserío (el Mas de Misaclos) y que, como después nos explicó Miquel Riba, más que probablemente sean los padres de toda la tejeda, gracias entre otras cosas a tordos y zorzales, como nos explicaría Jessica.

Posteriormente fuimos a ver la tejeda del Orri, con una historia reciente similar a la de Misaclos, aunque en esta hay un tejo centenario que sobrevive junto al barranco, situado en una ladera de tierra y piedras muy empinada y al que, respetuosamente eso sí, pero le removimos bien la capa superficial del terreno, aunque aquello ya estaba previamente bien pisado. Y digo esto para pensar y por enganchar también con el Decálogo que estos días nos ha propuesto Ignacio referente al comportamiento que todos deberíamos tener para con estos árboles.

Ya fuera de programa, algunos que nos quedamos allí también la tarde del sábado, que aprovechamos para visitar otra tejeda de cuyo nombre no me acuerdo y después, en compañía de Antonia Caritat y de Peter Thomas, la Fageda d’en Jordà.

80 Ha de hayedo sobre suelo rocoso volcánico y en la que reinaba un ambiente casi asfixiante de calor húmedo; también visitamos la ermita de San Miquel de Sacot en la que hay una cruz con fecha de 1963 bordeada por dos tejos, probablemente de la misma edad, para finalmente acabar cenando en el Mas de Colldecarrera, perdido en el medio de ninguna parte, rodeado de extensos montes de encina y cubierto por todas las estrellas de la Vía Láctea.

 Y todo esto no es por dar envidia, pero ya os lo dije el otro día:   Os lo habéis perdido!!!

Que os sirva de lección para la próxima… que ya se empieza a fraguar, por cierto.

Pido disculpas por el rollete que os he metido y a ver si alguien aporta alguna otra visión u opinión

Salud a todos

Pruden

 

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Acerca de texu

este es un blog para dar cabida a cosas relacionadas con el tejo ante la necesidad de tomar conciencia del grado de abandono de los tejos y tejedas. El ámbito es asturiano sin fronteras. Me llamo Ana

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