CARTA ABIERTA A LA CONSEJERÍA DE CULTURA DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS

Desde que Belén Fernández garantizara la protección de los tejos y el primo de Rajoy certificara que el cambio climático es una quimera, dormimos mucho mejor. Lo malo son las pesadillas.

El domingo pasado, sin ir mas lejos, tuve una: Habían puesto patas arriba todo el campo de los tejos de Abamia y colocado zapatas y arquetas a los pies de los árboles. Habían seccionado las raíces del árbol viejo con una zanja de más de 10 metros de largo y colocado un registro para pasar la luz que había de iluminar el monumento de piedra; y la tierra removida hacía presagiar en el lado sur la excavación de otras zanjas ya ocultas.

Lo peor de esta pesadilla es que los responsables, técnicos y políticos no veían ningún daño y aseguraban que estos tejos estaban “debidamente protegidos”.
Si no fuera porque las fotos no mienten seguiría pensando que todo fue un mal sueño.
La realidad es que pese a que es imposible hacer un pronóstico de la evolución de estos árboles, podemos afirmar que los daños han sido gravísimos. A pesar de lo que ahora diga la consejera sobre un informe que ni siquiera existe todavía, confiamos plenamente en que el SEPRONA con su buen hacer certificará los daños, y que lo hará en base a la realidad.

Para mejor comprensión nos permitimos copiar literalmente algunos puntos del “Plan de manejo del tejo” (Decreto 145/2001), que se refieren a estos árboles y que debieron cumplir y hacer cumplir escrupulosamente:
(…)se cuidará el estado de limpieza general del emplazamiento y se evitarán las acciones que aumenten la artificialidad del entorno; particularmente: (…)
o La excavación, la pavimentación o asfaltado y muy especialmente el empleo de cemento en el terreno circundante a las raíces, así como la colocación de señales permanentes que requieran la apertura de hoyos.
o La apertura de zanjas u hoyos de cualquier tipo que puedan dañar o cortar las raíces.

o La descarga de cualquier material sólido o líquido, ya sea inerte o calificado como residuo urbano, especialmente los calificados tóxicos o peligrosos, en el terreno circundante al árbol o a sus formaciones, y la ubicación de contenedores o depósitos temporales de desechos de cualquier tipo en un radio equivalente al doble del que corresponda a la proyección de sus copas.

o El estacionamiento de vehículos a motor en sus proximidades, al menos en un radio equivalente al doble del que corresponda a la proyección de las copas.

 

En vista de todo esto, hubiéramos entendido cualquier reacción, incluso que trataran de minimizar sus actuaciones, pero negar la evidencia parece toda una declaración de principios: la de no asumir las responsabilidades. Y sin duda esta es la peor de las noticias para estos árboles y todos los congéneres que sufren las mismas agresiones.
No vamos a extendernos en glosar las funciones y significados de nuestros tejos seculares, pero sí le recordaremos la frase que encontramos en un parque y decía: Estos árboles que a todos pertenecen, al cuidado de todos se confía. Paisanos y ecologistas, científicos y poetas, carcas y progres, de izquierdas, de derechas… todos tenemos un punto común de encuentro y acuerdo al amparo del tejo y los valores que representa. Tan solo parecen no entenderlo ustedes. Es preciso decírselo una vez mas, las raíces del tejo son muy profundas en nuestra memoria y ustedes no pueden cercenarlas impunemente y esconder los hechos; su actitud es bochornosa y de una irresponsabilidad inconcebible en alguien que ostenta ese cargo. En cuatro años de mandato, incluso en cuestión de días, pueden ustedes acabar con un árbol que tenía muchos siglos de vida e historia y que podría habernos sobrevivido cientos de años aún, como un legado precioso para las generaciones futuras; una muestra de nuestra generosidad, de nuestra inteligencia, cultura y amplitud de miras.
Contemplen todo el maravilloso legado que recibimos, más de 250 tejos “cultos” o de conceyu en el corazón de los pueblos asturianos. Todo un patrimonio vivo, de valor incalculable que en un par de décadas se está convirtiendo en un conjunto de decrépitos esqueletos. Son los perfectos bioindicadores de la cultura oficial de este país. Señora consejera, vaya usted a la obra de Abamia por favor, visite los tejos de Vidiago, San Martín de Valledor, Bermiego, La Plaza, Villanueva… Sepa que aunque las responsabilidades últimas sobre la conservación de estos árboles son de todos nosotros en general y de Medio Ambiente en particular, se trata también de un patrimonio cultural que ustedes deben proteger.
Efectivamente la dirección de obra dirá que no se ha hecho ningún daño, esto no es de extrañar. Por otra parte de la sensibilidad de Medio Ambiente en este tema tenemos una extensa muestra a lo largo de los últimos años como para aceptar ahora que hagan de juez y parte cuando son los primeros responsables.
Dice el proverbio que el necio no ve el mismo árbol que ve el sabio. El simple sentido común nos dice que no podemos tratar de este modo a estos ancianos hasta ayer sagrados. Pero si ustedes no entienden o prefieren no entender, y habida cuenta de las repetidas muestras de incapacidad en la defensa de este patrimonio, los Amigos del Tejo pedimos formalmente la dimisión de las consejeras de Cultura y Medio Ambiente, que entendemos tienen la máxima responsabilidad directa en este asunto.
Solo de este modo comenzaremos a tomar en serio este patrimonio dilapidado con la connivencia de sus custodios.

Firmado: Ignacio Abella. Amigos del Tejo

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